Estoy excitado, alterado, tenso. Ensalivo. Me toco el pelo nervioso. Ensalivo. Mis glándulas sudoríparas empapan las palmas de mis manos. Ensalivo. Busco algo que hacer con ellas. Cojo el libro milagroso, repaso algunos consejos. Suena el teléfono. ¡Joder! ¡Quién cojones será! ¡Ahora que estaba tan tranquilo! Me irrito. Es mi mujer: ¿Cómo lo llevas? Me irrito más. Mal, ¿cómo coño quieres que lo lleve? La conversación apenas dura diez segundos. Me pongo a trabajar, lo intento. No puedo pensar. Ensalivo. No me puedo concentrar. Busco. Busco por los cajones. Busco. Busco en las chaquetas, una por una, un bolsillo detrás de otro, nerviosamente, minuciosamente. Busco. Busco en los bolsillos de las camisas. Ensalivo. Pienso. Busco en el mueble bar, en los cajones de mi mesita, en los cajones de la mesita de mi mujer. Busco en los armarios, en los cajones, en todos los cajones. Ensalivo. Pienso. No puedo pensar. Busco en la cocina. Busco en mis escondites, en los de mi mujer. Busco en la basura. ¡Dios! ¡Estoy buscando en la basura! Busco uno, sólo uno, la mitad de uno, la mitad de la mitad de uno.
¡Dios! ¡Bendito seas! ¡Ahí está! Arrugado, por la mitad de la mitad. Lo cojo, lo mimo, lo enderezo, lo amo. ¡Te quiero! Lo acerco a mis labios, me lo enciendo.
Por fin.
Puedo pensar. Pienso. Qué asco doy. Lo tengo que dejar. Lo intento, lo estoy intentando, te juro que intento dejar de fumar.
¡Dios! ¡Bendito seas! ¡Ahí está! Arrugado, por la mitad de la mitad. Lo cojo, lo mimo, lo enderezo, lo amo. ¡Te quiero! Lo acerco a mis labios, me lo enciendo.
Por fin.
Puedo pensar. Pienso. Qué asco doy. Lo tengo que dejar. Lo intento, lo estoy intentando, te juro que intento dejar de fumar.
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